domingo, 28 de octubre de 2012
Abril
Ya estaba cerrando los ojos por completo, podía sentirlo, el resto de mi cuerpo ya estaba profundamente fundido con las sábanas. Sentía como me observaba desde la ventana, quieto, inmóvil. Mientras tanto sentía como mis ojos se cerraban y al mismo tiempo como mis suaves y mullidas patas se posaban en el alféizar de la ventana. Miré a mi alrededor y allí estaba yo, dentro de la cama.
Giré la cabeza y vi como una cola grisácea se movía detrás de mi y más allá, estaba la Luna. Estaba preciosa con su blanca sonrisa. Empecé a caminar sobre el tejado. La ciudad estaba dormida, solamente se oía a algunas borrachos rezagados que quedaron después de alguna fiesta. Y yo, solamente iba saltando de tejado en tejado y me perdía entre la cima de la ciudad. De vez en cuando, miraba dentro de alguna ventana, por si me encontraba a mi mismo, o simplemente encontraba algo que me hiciera sonreír, pero solo vi luces apagadas, personas apagadas y silencios encendidos. Dejé de mirar, por aquello de que la curiosidad mató al gato.
Pasaba desapercibido ahí arriba, conté 3 mujeres volviendo a casa solas, dos con los tacones en la mano, la otra aún aguantaba, supongo que sería porque sentía tanto dolor en sus lagrimas, que en los pies no lo notaba.
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