sábado, 23 de octubre de 2010


Yo sé que esto no es lo habitual.
Que debería probar suerte en otra parte, buscar más lugares en los que ser aceptada.
Pero no, así sería una de muchas de las que huyen de sus problemas, y no creo que eso lo que realmente necesito. Necesito hablarte, y decirte todo lo que un día no pude.
¿Porqué? Lo siento como si fuera algo de lo que hay que hacer antes de morirse. No tengo hambre, tampoco frío, por supuesto tampoco miedo, y sueño...bueno, eso es algo de lo que ya estoy saciada.
Pasa por aquí un río seco, yo sé porque ya no tiene agua con que llenarlo.
Es algo habitual en estos casos, cuando quieres derramar lágrimas pero no puedes, te las guardas y al final...bueno, al final todas estas salen disparadas hartas de estar guardadas en algún sitio.
Creo que eso es exactamente lo que le ha pasado al río. Pero...pienso que debería llorar si eso es lo que necesita. Siempre es bueno desahogarse. O eso pienso yo.

lunes, 18 de octubre de 2010

no.

Los minutos se convertían en horas.
Ella no dormía, pasaba en vela las noches pensando en todo lo que le había ocurrido hasta ahora, pensando en lo que le quedaba por vivir.
Pensaba en su futuro ¿que le depararía?
Pensaba en su pasado y, de cierta forma lo echaba de menos. Echaba de menos vivir sin preocupaciones y disfrutar de la infancia. Pero a la vez se sentía afortunada por estar viviendo la adolescencia. Le gustaba esa época de la vida, pero no podía evitar pensar en todo lo anterior.
mantenía la mayor ilusión de su vida: vivirla.
Con sus imperfecciones, sus perfecciones, defectos, virtudes...con todo eso que la hacía única, intentaba ser la mejor persona posible.
Ella no quería ser como aquellas niñas mimadas y egoístas que en lo único que piensan es en ellas mismas.
Ella quería llegar lejos, quería ser alguien, y por supuesto, quería ser feliz, haciendo a su vez, felices a lo que le rodeaban.
Así era ella, con sus defectos y sus virtudes. Con sus perfecciones e imperfecciones.

viernes, 15 de octubre de 2010

miedo ¿qué es eso?

Querido Marciadiario, dado que no eres un diario normal, dentro de los diarios, eres un marciano, por lo que te denomino así.
Bueno, pues eso, querido Marciadiario hoy me gustaría contarte que he ido al médico. Al médico de los sentimientos, y me ha recomendado que experimente sentimientos que tengo aparcados junto a la desesperación. Se llaman, alegría y optimismo. No entiendo porqué me dice eso, y por esa razón se lo he preguntado.
Según él, me centro tanto en las cosas que ya ni siquiera tienen importancia en mi vida, que he terminado por amargarme. Él también dice que lo que debo hacer es olvidarme de esos obstáculos que me impiden disfrutar completamente la adolescencia y que me centre en lo que realmente importa: Los amigos, la familia, los estudios, pasarlo bien,etc...
Creo que debería hacerle caso, y olvidarme de esas cosas que ahora son insignificantes en mi vida, como un complemento, o simplemente un recuerdo más que almacenar.
A partir de ahora, me divertiré como hace tiempo que no lo hago, trasnocharé hasta que mis ojeras sean tan grandes que me lleguen hasta la nariz, reiré hasta que me duela la barriga, se me salten las lágrimas y tenga muchas ganas de ir al baño. Y disfrutaré de las cosas como vengan, y cada oportunidad, la aprovecharé como si fuera la última.
Siento que no tengo miedo a nada, me siento bien.



domingo, 3 de octubre de 2010


Decepción, efectiva y desgraciadamente es lo que siento. A ello se le añade tristeza. Cualquier posibilidad de conservar mi mediocre felicidad se ha esfumado. ¿Es esto verdad?

sábado, 2 de octubre de 2010

Queridísima..


Era fría aquella noche de invierno. nadie sabía que había sido de esas calurosas noches en las que la gente salía a la calle para "tomar a fresca" o simplemente para socializarse con el vecindario.
Sin embargo, ella permanecía allí, en la puerta de su casa a pesar del frío.
Lo más probable era que creyera que alguien iba a sentarse ante su respectiva casa con su respectiva cómoda mecedora y darle conversación a sus respectivos vecinos.
Hablarían de qué tal había ido el día, cómo estaba su familia...
Pero nadie salía de su casa, hacía demasiado frío como para ir paseándose por ahí. La gente prefería quedarse juanto a la estufa leyendo un libro o hacer cualquier otra cosa antes de pasar frío.
Ella no lo entendía, y ahí seguía, inmóvil.
Pasó toda la noche ahí hasta que pasadas unas horas, su abuela salió y le aconsejó que entrara en casa si no quería coger un gran constipado.
Ella le hizo caso, solía hacérselo, siempre.