Estar metida en un sitio cerrado varias horas me hace reflexionar. Sobre las viejas y las nuevas cosas, sobre lo que ya estoy viviendo y lo que me queda por vivir.
Hay ciertas cosas en las que nunca dejo de pensar, otras que piense lo que piense y haga lo que haga están en mi cabeza, aunque a veces estén en segundo plano.
Las nuevas experiencias me hacen ver que la adolescencia, o la vida en sí, tampoco está tan mal como la pintan algunos.
Pero hay complicaciones, y problemas, como en todo, y esto es lo que hace calentarme tanto la cabeza sobre las cosas. No puedo dejar de pensarlas, necesito un respiro, no pensar en nada, descansar de todo, la mente en blanco, aunque solo sea durante un tiempo corto, de cualquier forma. Salir a todas partes y al mismo tiempo no moverme. Saber que algo es real cuando verdaderamente lo es y dejarme de fantasías que tantas no deben ser buenas.
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