
Era fría aquella noche de invierno. nadie sabía que había sido de esas calurosas noches en las que la gente salía a la calle para "tomar a fresca" o simplemente para socializarse con el vecindario.
Sin embargo, ella permanecía allí, en la puerta de su casa a pesar del frío.
Lo más probable era que creyera que alguien iba a sentarse ante su respectiva casa con su respectiva cómoda mecedora y darle conversación a sus respectivos vecinos.
Hablarían de qué tal había ido el día, cómo estaba su familia...
Pero nadie salía de su casa, hacía demasiado frío como para ir paseándose por ahí. La gente prefería quedarse juanto a la estufa leyendo un libro o hacer cualquier otra cosa antes de pasar frío.
Ella no lo entendía, y ahí seguía, inmóvil.
Pasó toda la noche ahí hasta que pasadas unas horas, su abuela salió y le aconsejó que entrara en casa si no quería coger un gran constipado.
Ella le hizo caso, solía hacérselo, siempre.
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